Josu Jon Imaz
Poco les faltó a los del PP para celebrar la marcha del Presidente del PNV. Siguen en las tesis de que cuando peor mejor. Centrados en una política que busca el enfrentamiento entre los territorios como base de su oportunismo político. Les falta ambición de país, o mejor dicho, les falta ambición democrática para entender la riqueza plurinacional que da sentido al término España.
La marcha de Josu Jon Imaz es negativa para la política española. Su gestión trajo un poco de serenidad al conjunto de la política vasca y de la lucha antiterrorista, tan necesitada de expulsar las posturas maximalistas que conducen a ninguna parte.
Tengo claro que es una de las consecuencias del fracaso del Proceso de Paz, que nos tenía que conducir a la disolución de ETA y a la normalización democrática. Por lo tanto, el Presidente del Euskadi Buru Batzar es también una de las víctimas de la radicalidad política de aquellos que apostaban por el fracaso del Presidente Zapatero en su pretensión de poner fin definitivo a la violencia política.
La diferencia con los procesos anteriores, es que por primera vez en nuestra historia democrática, el Gobierno legítimo de España no sólo tuvo que hacer frente a ETA. Sino que el principal partido de la oposición apostó claramente por utilizar el terrorismo como arma política y de enfrentamiento entre los ciudadanos, aun a costa de romper a la sociedad civil.
El PP es culpable de deslealtad con los ciudadanos. Sus intereses electoralistas, su rencor por la pérdida de las anteriores elecciones, los llevó a alimentar políticamente a los que están en contra del Estado de Derecho. ETA creyó ver ahí el punto débil de Zapatero. U obtenían contraprestaciones importantes en el proceso o la derecha española destrozaría al PSOE. O eso pensaban.
Y en el PP que si Zapatero cedía ante la presión de la derecha, estarían a las puertas de la derrota electoral del PSOE. Y sino lo hacía, este sería acusado de colaboración con los terroristas.
Más los ciudadanos sabemos de las dificultades de la lucha contra terrorista. Durante años perdonamos a todos los Gobiernos de España sus errores, más no perdonamos la deslealtad del principal partido de la oposición en la lucha antiterrorista, de su burda manipulación de las víctimas de ETA. Por eso el PP está como está. Histéricos por situarse a la cabeza de la sucesión de Rajoy, histéricos porque, por fin fuera del PSOE, Rosa Díez pretenda competir en españolismo rancio con la derecha.
No todo está hecho para los socialistas. Tienen el riesgo de no motivar a su electorado en las próximas elecciones de marzo; y el PP no puede marcar su discurso, otra cosa es que desde el PSOE sean necesarios más didáctica, más partido y más militancia. Fue la España claramente de izquierdas la que votó contra Aznar el 14M, por eso errores como los cometidos en Navarra o Madrid, sino se corrigen, la pueden desmovilizar. Y seguro que Solbes sabe que los “técnicos” están para buscar soluciones a las demandas de la sociedad en su pretensión de más democracia y más igualdad.
Llegó, también, el tiempo de hacer un análisis más riguroso del mal llamado Pacto por las Libertades y de la, cuando menos excepcional, Ley de Partidos. Entre los efectos negativos están que los socialistas estuvieron atados, amordazados y chantajeados por esta Derecha radical y desleal.
Pero volviendo al origen de este artículo. Lástima por la marcha de Josu Jon Imaz, sin embargo es lógico pensar que en el PNV las voces sensatas van a prevalecer. Son un partido centenario que apostó claramente por la democracia ya en la Segunda República, estuvieron en la lucha antifranquista y seguirán en la lucha contra ETA.
Sigo pensando que Euskadi y la política española necesitan profundizar en ese acuerdo básico entre los socialistas, izquierda unida y el nacionalismo democrático.
Publicado en lengua gallega en “Vieiros” ( 17 septiembre) y en el Diario de Ferrol (19 septiembre 2007).
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Adolfo Suárez tenía toda la razón
Frase de Adolfo Suárez en una entrevista inédita de 1980:
“Yo repito a menudo que en España está ocurriendo un fenómeno muy grave: las cosas entran por el oído, se expulsan por la boca y no pasan nunca por el cerebro… casi nunca pasan por la reflexión previa”.
“Pero es un hecho que está ahí; que sucede. Y luchar contra ello es muy difícil… Yo he intentado combatirlo muchas veces… ¡Y así me va!”
En la política española del siglo XXI sigue sucediendo exactamente lo mismo: “las cosas entran por el oído, se expulsan por la boca y no pasan nunca por el cerebro” y se aplica tanto a los políticos como a los ciudadanos.
Carlos Menéndez