Muro israel� NONEstos días tuvimos ocasión de ver como centenares de miles de palestinos que viven en Gaza, territorio convertido por Israel en el mayor campo de concentración de la Historia de la Humanidad, pasaban a Egipto en búsqueda de víveres y otras mercancías, tras el derrumbe de una parte del Muro sionista construido ilegalmente.

Además, ahora está claro que George Bush no fue, días atrás, a apostar por una solución definitiva que les permita a los palestinos tener un futuro con dignidad, sino simplemente, a dar el visto bueno a las operaciones militares de Israel.

Lo que está ocurriendo es la consecuencia inmediata de que desde Israel, los EEUU y la Unión Europea no aceptaron las elecciones democráticas de Palestina, celebradas pese a la ocupación militar de sus territorios, y que le dio la victoria a Hamás. Es la consecuencia de la apuesta por provocar una ruptura entre los palestinos y castigarles por no votar por aquello que las potencias occidentales mandan a una población humillada, cansada de perder siempre.

Bajo el eufemismo de la “guerra contra el terrorismo” que pretenden presentarnos a Israel como un “estado democrático” y “amenazado” y a la población palestina ocupada como “terroristas”, estamos asistiendo a una nueva etapa de la política colonialista occidental, para así mantener el control sobre las reservas de gas y petróleo y evitar que esa gran nación árabe que va desde el Atlántico marroquí hasta Irak y desde la frontera con Turquía hasta el Índico, pueda tener la voz propia de una potencia emergente similar a China o a India. Este es el verdadero origen del nacimiento del estado israelí, y no los campos de concentración nazis.

Israel practica la limpieza étnica con un pueblo semita como el palestino e instala colonias integristas con el objetivo de romper la continuidad de los territorios ocupados; tiene miles de presos políticos sin garantías judiciales, incluidos ancianos y niños menores de edad; discrimina y vigila a sus propios nacionales en función de su origen, y especialmente si no son afectos al régimen militar – religioso que aboga por la construcción del Gran Israel ideado por la ultraderecha norteamericana.

Pero, el derrumbe parcial del Muro del apartheid muestra el fracaso de esta política, que además, refuerza las posiciones políticas de Hamás. No hay solución si Israel no respeta las resoluciones de las Naciones Unidas y las fronteras reconocidas de 1967; sino respeta el derecho de los exiliados a volver a Palestina. No hay solución sin una Palestina libre y viable. Si dentro de Israel no inician definitivamente la transición a una verdadera democracia; más su población está adormecida igual que la alemana de los años treinta y cuarenta.

Hoy cualquier apoyo a Israel, directo o indirecto, es abogar por el genocidio del pueblo palestino, por ahondar en la división entre el mundo occidental y las naciones árabes. Cualquier apoyo a la política israelí en Palestina, y también a la americana en el Irak, es darle munición ideológica a los grupos terroristas integristas.

Frente a la política colonialista hay que desarrollar con mucha más fuerza la Alianza de Civilizaciones propuesta por J.L. Rodríguez Zapatero; y esta debe dar paso ya a realidades tangibles. Aceptar la igualdad entre los pueblos y su derecho a decidir libremente el futuro de sus ciudadanos y de sus riquezas, a configurar un nuevo orden mundial como único modo de parar esta barbarie que acabará asolando nuestras vidas sino dejamos de mirar para otro lado.

Lo que pasa en Palestina y a su población nos va, ya no sólo por solidaridad, sino porque es la única forma de dejar en la cuneta a los portadores de la guerra, que pretenden provocar una involución en nuestras sociedades para mantener sus privilegios y su dominio clasista.

Por eso hay que parar a Israel. En defensa de los derechos humanos, de la democracia, de la solidaridad, de la libertad, del Estado de derecho, de la lucha contra terrorista, de nuestra propia seguridad… de nuestra dignidad; sí, ¡Libertad y dignidad para el pueblo palestino!



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